Capodici A, Noci F, Nuti S, et al. Reducing outpatient wait times through telemedicine: a systematic review and quantitative analysis. BMJ Open. 2025;15(1):e088153.
Reducción de los tiempos de espera pero con intervenciones muy heterogéneas y en contextos diferentes
La revisión sistemática de Capodici et al. analiza el impacto de distintas intervenciones de telemedicina sobre los tiempos de espera en atención ambulatoria, definidos como el intervalo entre la solicitud de la atención y la prestación efectiva de la visita.
El estudio incluye 53 trabajos publicados entre 1980 y 2023 (270.388 pacientes) procedentes mayoritariamente de países de ingresos altos, especialmente Estados Unidos, aunque con algunas experiencias europeas, incluidas españolas.
Las intervenciones analizadas son heterogéneas y abarcan desde e-consultas síncronas y asíncronas hasta sistemas de derivación electrónica o triaje no presencial. La mayoría de los estudios se refieren al acceso a atención especializada, aunque sin distinguir claramente si el contacto inicial se produce a través de atención primaria (gatekeeping, típico de países con sistemas tipo National Health Service) o mediante acceso directo del paciente.
Desde el punto de vista metodológico, la evidencia disponible se apoya mayoritariamente en estudios observacionales antes–después o comparaciones no aleatorizadas, con muy pocos ensayos controlados, lo que limita su capacidad de inferencia causal y refuerza la posibilidad de interpretar los resultados como efectos organizativos más que tecnológicos
En los estudios que permiten estimar medias, la implantación de telemedicina se asocia con una reducción media de 25,4 días en los tiempos de espera, con un efecto mayor en especialidades médicas (-34,7 días) que quirúrgicas (-17,3 días). En los estudios que reportan medianas, las reducciones son incluso mayores en algunos contextos, aunque con tamaños muestrales más reducidos. La heterogeneidad entre estudios es muy elevada, lo que impide realizar un metaanálisis formal y limita la comparabilidad de los resultados.
Preguntas abiertas
Desde la perspectiva de la gestión sanitaria, el principal valor del artículo no reside tanto en la magnitud del efecto agregado como en las preguntas que deja abiertas. En primer lugar, y respecto a lo que se está midiendo realmente, la mayoría de los estudios no analizan el tiempo hasta la resolución clínica del problema, sino hasta el primer contacto asistencial, que en muchos casos consiste en una e-consulta, un triaje o una valoración no presencial. Reducir ese intervalo puede mejorar la percepción de acceso y disminuir la incertidumbre del paciente, pero no equivale a reducir listas de espera en el sentido tradicional del término ni a disminuir la carga asistencial total.
En segundo lugar, la revisión agrupa contextos organizativos muy distintos. Conviven países con modelos de gatekeeping fuerte, donde la atención primaria filtra el acceso a la especializada, con sistemas donde existe acceso directo del paciente al especialista. En los primeros, la telemedicina suele funcionar como una herramienta de apoyo al filtrado clínico y a la priorización, adelantando la decisión sobre la pertinencia de la derivación. En los segundos, actúa más como un sustituto parcial de la visita presencial. Una reducción de -25 días no tiene el mismo significado ni las mismas implicaciones organizativas en uno y otro modelo, pero el artículo no estratifica los resultados según este eje.
La evidencia española
La evidencia procedente de España, aunque limitada a cuatro trabajos, es ilustrativa en este sentido. Los estudios incluidos se centran en experiencias organizativas concretas (e-consultas o derivaciones no presenciales entre atención primaria y especializada) y muestran reducciones en el tiempo hasta la primera valoración. Sin embargo, no aportan información sobre el impacto en el proceso asistencial completo, la carga de revisitas ni los resultados en salud.
Esto refuerza la idea de que la telemedicina, en el contexto del Sistema Nacional de Salud (SNS), actúa principalmente como instrumento de reorganización del acceso, más que como mecanismo de reducción estructural de la demanda.
Cuando la oferta tiende a generar demanda
Otro aspecto poco explorado es la relación entre telemedicina, volumen de actividad y tiempos de espera. Cuando la oferta tiende a generar demanda, reducir las barreras de acceso (y la telemedicina reduce el coste en tiempo, desplazamientos y esfuerzo) puede incrementar el número total de contactos asistenciales facilitando que dudas, malestares inespecíficos o situaciones de baja gravedad se transformen en actos sanitarios formales.
En otras palabras, la telemedicina, y precisamente por sus ventajas, puede contribuir a incrementar una banalización progresiva de la consulta, en la que no sustituye visitas presenciales, sino que absorbe agendas (de bajo valor) y atención profesional.
El efecto agregado puede ser paradójico: mejor acceso inicial, pero mayor volumen total de actividad y menor disponibilidad para problemas complejos o de alto valor clínico. La revisión no permite valorar este aspecto, pero debe tenerse en cuenta que la telemedicina, sin duda útil cuando sustituye visitas presenciales, también puede convertirse en un amplificador de demanda si facilita el incremento de consultas de bajo valor.
La telemedicina se asocia con reducciones en el tiempo hasta el primer contacto, pero …
El artículo aporta una asociación consistente entre telemedicina y reducción en el tiempo hasta el primer contacto asistencial, pero no permite concluir que reduzca las listas de espera en sentido amplio, que no desplace la presión asistencial entre niveles o profesionales sin disminuirla globalmente, ni que mejore por sí misma la eficiencia global del sistema.
Desde la perspectiva de gestión sanitaria, no se trata de cuestionar la utilidad de la telemedicina, sino situar el para qué, el dónde y las reglas de juego. La telemedicina, y más allá de algunos aspectos específicos, es un instrumento claramente útil cuando se utiliza como herramienta de triaje, priorización y reorganización de circuitos, pero es más discutible cuando se limita a abrir un canal adicional de acceso sin criterios explícitos. Requiere decisiones sobre qué tipo de demanda se quiere filtrar o resolver de forma no presencial, en qué puntos del proceso asistencial aporta valor y cómo se integra en modelos de acceso que ya operan bajo fuerte presión.
Sin estas decisiones, se corre el riesgo de confundir una mejora en los indicadores de acceso con una mejora real en la aportación de valor a los pacientes. Y es que la telemedicina no es una solución tecnológica autónoma, sino una herramienta organizativa cuyo impacto depende del modelo de acceso, de los circuitos asistenciales y de las decisiones explícitas sobre priorización y valor clínico.



