El-Taji O, Ali A, Alser O, et al. Patterns of war related trauma in Gaza during armed conflict: survey study of international healthcare workers. BMJ. 2025;390:e087524
El manuscrito de El-Taji et al. tiene un valor excepcional para documentar un patrón de lesiones traumáticas en población civil que no tiene precedentes en los conflictos armados recientes. Los autores emplean con gran rigurosidad una metodología muy ingeniosa para obtener información sobre lesiones traumáticas y su localización en un contexto hostil donde los datos primarios son extremadamente escasos, tanto por el bloqueo israelí como por la destrucción de los centros sanitarios, sus sistemas de información y los historiales clínicos.
El método empleado (encuesta a sanitarios internacionales que han abandonado recientemente la zona de conflicto, contabilización de sólo los casos que sobrevivieron lo suficiente para llegar al hospital) probablemente infraestima, y mucho, el número de casos, pero las más de 23.000 lesiones traumáticas reportadas, casi 7.000 directamente vinculadas a armas, con predominio de politraumatismos, quemaduras profundas, lesiones craneales y amputaciones, son más que suficientes para mostrar la magnitud de los daños en población civil y la insuficiencia de los servicios sanitarios bajo asedio.

Las cifras mostradas van más allá de un registro sanitario. Decenas de miles de personas con traumatismos y heridas, quemaduras que atraviesan hueso y músculo, niños con fracturas abiertas de cráneo o con las extremidades destrozadas, etc. No son los datos esperables de un conflicto “convencional” ni los reportados en conflictos recientes (Irak, Afganistán, Siria) que parecían especialmente crueles.
Este patrón de lesiones traumáticas no puede interpretarse aisladamente de la destrucción sistemática del propio sistema sanitario. Un análisis geoespacial publicado en PLOS Global Public Health documentó -entre octubre y noviembre de 2023, cuando todavía estábamos lejos de los niveles actuales de destrucción de infraestructuras- que el 83% de los hospitales de Gaza se encontraban dentro del radio de daño (800 m) y el 25% dentro del radio letal (360 m) de las detonaciones de bombas de alta potencia (2.000 lb), en algunos casos con distancias mínimas de apenas 15 m respecto a las instalaciones hospitalarias.

La exposición de hospitales, personal sanitario y población refugiada en sus inmediaciones a munición de gran capacidad destructiva ha sido generalizada, comprometiendo gravemente, incluso sin impactos directos, la funcionalidad asistencial. En este contexto, las lesiones descritas por El-Taji et al., no solo reflejan el efecto de armas de alta energía sobre cuerpos humanos, sino también las consecuencias inevitables de una guerra librada directamente sobre infraestructuras sanitarias que gozan de protección específica bajo el derecho internacional humanitario.
En resumen, los datos muestran un escenario, sin precedentes recientes, en el que de forma generalizada se ha usado munición de alta energía y con efecto de área (bombas termobáricas, incendiarias, proyectiles de dispersión) en entornos urbanos densamente poblados. Y es ahí donde, pese al tono académico que intenta mantener el artículo, la mera descripción de las lesiones y sus tipos se transforma en indignación y denuncia.



