Consumo de antipsicóticos en niños/as y adolescentes: la medicalización del malestar.

García-Sempere A, Hurtado Navarro I, Robles-Cabaniñas C, Carrillo-Arenas MF, Lluch Oltra A, Tabarés-Seisdedos R, Baeza I, Llopis-Cardona F, Gamón V, Rodríguez-Bernal C, Peiró S, Sanfélix-Gimeno G. Prescriber-recorded indications for antipsychotic use in children and adolescents in Spain, 2015-2023: a population-based, real-world study. Eur Child Adolesc Psychiatry. 2026;35(3):785-795. 

 

El incremento del uso de antipsicóticos en población infantil y adolescente, casi siempre off-label, es un fenómeno descrito desde hace tiempo. La aportación esencial de este estudio, desarrollado en la Comunitat Valenciana, consiste en que en lugar de inferir el motivo de la prescripción explota una característica de los  sistemas de información de la Comunidad Valenciana (VID): recogen de forma directa el diagnóstico que el prescriptor registra al iniciar el tratamiento. Con más de 740.000 prescripciones en más de 30.000 personas de 0 a 19 años entre 2015 y 2023, es también la serie más granular publicada hasta ahora sobre este fenómeno.

Qué muestran los datos: el peso no está en las psicosis

Contra lo que cabría pensar, la indicación más frecuente de los antipsicóticos no son los cuadros psicóticos. Su indicación canónica no alcanza el 6% del total. Los trastornos de la personalidad y el comportamiento concentran uno de cada cinco tratamientos, y la indicación se ha duplicado desde 2015. Le siguen el TDAH (14%, en declive) y los trastornos del espectro autista (14%, creciendo).

Los tratamientos para la depresión (la octava indicación en volumen) se multiplicaron 5,7 veces. Para la ideación suicida, aun partiendo de cifras absolutas pequeñas, se multiplicaron por 30,7 en el conjunto de la muestra y por más de 50 entre los 15 y los 19 años. Los trastornos de la conducta alimentaria crecieron 2,3 veces. El aumento es desigual por sexo (crecimiento de un 80% en mujeres frente a un 26% en hombres), se concentra en adolescentes mayores y se acelera a partir de 2020.

La granularidad del dato también elimina algo de ruido. El sulpiride, un antipsicótico atípico, se prescribe casi en exclusiva para mareo y vértigo (una indicación aprobada en adultos), no para indicaciones psiquiátricas.

Tres posibles explicaciones

Entre las potenciales explicaciones, los autores apuntan a la coincidencia temporal con la pandemia, enlazando con el deterioro del bienestar emocional, el aislamiento social y la sobrecarga de los dispositivos de salud mental documentados en toda Europa. Pero la brusquedad del salto admite también otra lectura. En su libro Making Up People, el filósofo canadiense Ian Hacking describía el «efecto bucle»: una vez que una categoría diagnóstica se hace pública y visible, se empieza a interpretar, e incluso a vivir, la propia experiencia a través de ella. La pandemia no solo trajo más malestar real, sino que también disparó la conversación pública sobre salud mental juvenil, lo que ha podido acelerar la traducción de ese malestar en una indicación clínica.

Los autores, saliendo del debate abierto en torno a la advertencia de la FDA sobre el riesgo de suicidio asociado a antidepresivos en adolescentes, apuntan también a un posible desplazamiento terapéutico. En un contexto de incertidumbre sobre los antidepresivos, el antipsicótico, aunque no exista evidencia de una mayor eficacia, puede percibirse como una alternativa más manejable para síntomas afectivos o de desregulación emocional.

Pero la lectura más relevante para los sistemas sanitarios es organizativa. Que el crecimiento se concentre en ansiedad, ideación suicida o trastornos alimentarios, problemas para los que la primera línea de tratamiento recomendada no es farmacológica sino psicológica, sugiere que el fármaco ocupa el espacio de una atención psicológica menos accesible en el SNS. La prescripción funcionaría como sustituto de lo que el sistema no puede ofrecer.

Bajo esa lectura organizativa late un problema social que desborda lo sanitario. El malestar emocional juvenil no crece en el vacío. Está asociado a soledad, precariedad, redes sociales, fragmentación de los vínculos comunitarios pero también forma parte del desarrollo adolescente. Cierto grado de ansiedad, tristeza o inestabilidad emocional no es patología, sino crecer. Como señalaban Horwitz y Wakefield en The Loss of Sadness, los criterios diagnósticos no siempre distinguen bien entre una emoción, más o menos angustiada pero apropiada al contexto, y un trastorno genuino, lo que favorece el sobrediagnóstico y la sobremedicación. La respuesta a ese malestar no siempre es clínica (ni farmacológica ni psicológica). Y casi nunca es sólo clínica. A menudo, requiere componentes familiares, escolares y comunitarios.

¿Qué implicaciones tiene el crecimiento de las indicaciones off label en niños, niñas y adolescentes?

Para el SNS la orientación no es sólo  que debemos prescribir con más prudencia. Un indicador que crece así de rápido en indicaciones no autorizadas y en población tan joven exige guías de prescripción pediátrica, actualizadas y basadas en la evidencia, y una vigilancia activa de efectos adversos (metabólicos, endocrinos, neurológicos).

Exige, también, mirar aguas arriba. El SNS necesita reforzar razonablemente la red de salud mental infanto-juvenil y la accesibilidad de las intervenciones psicológicas de eficacia probada, aunque no como receptáculo universal de todo malestar adolescente para no limitarse a desplazar el problema de la medicina a la psicología. El abordaje de un malestar con raíces sociales no puede limitarse a las estrategias de base individual. También requiere políticas intersectoriales de intervención comunitaria sin las que el sistema sanitario seguirá absorbiendo y medicalizando (o psicologizando) un problema que no puede resolver.

Los cambios sociológicos, no solo entre las familias sino también en los centros educativos y en los profesionales de la medicina y la psicología (lo que Furedi llamó «cultura terapéutica«), animan a interpretar como trastorno lo que en otro contexto se entendería como normal y empujan al sistema de salud hacia una respuesta demasiado simple. Una respuesta que corre el riesgo de «medicalizar» con otro profesional lo que no siempre requiere un abordaje clínico. El reto para el SNS no es trasladar el mismo volumen de casos de la consulta de psiquiatría a la de psicología, sino diferenciar qué malestar necesita intervención clínica y cuál necesita otro tipo de respuesta (o ninguna).

El valor del estudio comentado no está en confirmar una tendencia ya conocida, sino en sentar algunas bases para su interpretación. No son los cuadros psicóticos los que empujan la prescripción de antipsicóticos en la infancia y la adolescencia, sino un malestar emocional que no se aborda socialmente y que el sistema sanitario no sabe atender de otra manera.

Convertir ese malestar en tratamiento con antipsicóticos no es (solo) un fallo de los prescriptores individuales. También es la consecuencia esperable de cómo está organizada la respuesta y, también, de una sociedad que medicaliza el malestar porque ha desatendido las redes comunitarias que le daban soporte.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Información básica sobre protección de datos Ver más

  • Responsable: Fundación Instituto de Investigación en Servicios de Salud.
  • Finalidad:  Moderar los comentarios.
  • Legitimación:  Por consentimiento del interesado.
  • Destinatarios y encargados de tratamiento:  No se ceden o comunican datos a terceros para prestar este servicio.
  • Derechos: Acceder, rectificar y suprimir los datos.
  • Información Adicional: Puede consultar la información detallada en la Política de Privacidad.

Scroll al inicio
Esta web utiliza cookies propias para su correcto funcionamiento. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Más información
Privacidad