Lin J, Knighton A, Tikkanen RS, Paschoalotto MAC, Berman ME, Christy H, Turk A, Roberts N, Kidd M, Allen LN. Policies and interventions aiming to improve equitable access to primary care: a scoping review. Lancet Prim Care. 2026;2:100172.
Distinguir entre accesibilidad del servicio y utilización de la población
Esta revisión de alcance (scoping review), siguiendo PRISMA-ScR, rastreó ocho bases de datos y literatura gris entre 2000 y 2025 para mapear políticas e intervenciones dirigidas a mejorar el acceso equitativo a la atención primaria. Su aportación conceptual más valiosa es distinguir entre accesibilidad (característica del servicio) y utilización (comportamiento de la población), usando el marco de Levesque, Harris y Russell (approachability, acceptability, availability, affordability, appropriateness), cruzado con PROGRESS+ para identificar a las poblaciones en desventaja.
De 57 estudios (22 países, más de 4,6 millones de participantes), el 65% procedía de países de renta alta. Las 24 políticas o intervenciones identificadas se concentraron en el nivel meso (organizativo o de prestación de servicios; 63%): traducción e interpretación, navegadores o mediadores sanitarios, clínicas móviles, telesalud, ampliación de horarios. Fueron las que más evidencia positiva reunieron, sobre todo para migrantes, minorías lingüísticas y zonas rurales, sobre todo cuando combinaban varios elementos a la vez. En el nivel macro, reducir tasas o ampliar seguros mejoró la utilización, pero con matices: en Sudáfrica y Suecia, eliminar solo las barreras económicas, sin inversión paralela sobre recursos humanos y organización, produjo ganancias escasas o pasajeras. Y la telesalud, promovida como innovación equitativa, mostró beneficios desiguales, muy dependientes de la infraestructura y la alfabetización digital ya disponibles. De nuevo, quienes más tenían de partida fueron quienes más se beneficiaron.

En todo caso, y aunque el marco conceptual y la amplitud de la búsqueda son sólidos, conviene leer los resultados con cautela. Al ser una revisión de alcance, no hay evaluación formal de riesgo de sesgo, y el 40% de los estudios evaluaba paquetes multicomponente, lo que dificulta saber qué elemento concreto produjo el efecto.
La ausencia española en el mundial de la evaluación
Llamativamente, entre los 57 estudios (22 países), no aparece ningún estudio español. No debe ser por falta de proyectos. El SNS cuenta con una larga tradición de equipos multidisciplinares, atención comunitaria, trabajo social sanitario, mediación intercultural y programas dirigidos a poblaciones vulnerables. Lo que parece faltar no es tanto intervenciones como su evaluación publicada con el rigor metodológico que exige entrar en una revisión.
La evaluación de intervenciones y programas no es el futbol o el tenis, disciplinas en las que España es un referente mundial. La ausencia de estudios españoles dice tanto sobre la cultura evaluativa española como sobre la propia política sanitaria: sin evaluación (publicada), no hay evidencia disponible, aprendizaje acumulable ni comparación nacional o internacional posible.
Implicaciones para el SNS
España parte de una situación muy diferente a la mayoría de los países con estudios incluidos, muchos de ellos en sistemas con barreras económicas de entrada (EEUU) o cobertura fragmentada (Sudáfrica). Solo un 0,2% de la población española declara necesidades no cubiertas por barreras económicas, geográficas o de tiempo de espera, frente al 1,7% de media en la UE. Pero esta cifra agregada puede ocultar más de lo que revela: la pregunta relevante no es si el sistema es accesible en promedio, sino si lo es para quienes más lo necesitan.
Y ahí el SNS tiene mucho que mirar. El Barómetro Sanitario 2024 mostraba que siete de cada diez personas esperan más de 48 horas para ser atendidas en atención primaria, y una de cada cuatro más de once días. Una saturación que no golpea a todos por igual: la población rural envejecida, los colectivos migrantes concentrados en comarcas concretas, o quienes viven con una enfermedad crónica y necesitan continuidad, son quienes más notan cualquier fricción en el acceso, aunque las estadísticas agregadas del sistema parezcan buenas. Esto es justo lo que el marco PROGRESS+ de esta revisión invita a mirar: no la accesibilidad media, sino la accesibilidad diferencial por grupo.
Las lecciones más trasladables al SNS son, de nuevo, las de nivel meso: mediadores interculturales, clínicas móviles y modelos de telesalud, diseñados específicamente para cada colectivo en desventaja, parecen ser las intervenciones más efectivas. Con la advertencia expresa de que cualquier digitalización de la cita debe ir acompañada de alfabetización digital y de alternativas presenciales, o corre el riesgo de excluir precisamente a quien pretende ayudar.
El Plan de Acción de Atención Primaria y Comunitaria 2025-2027 citan la equidad entre sus prioridades; esta revisión aporta un catálogo de qué intervenciones cuentan con más respaldo empírico. Pero si España quiere entrar algún día en una próxima edición de este «Mundial», hará falta algo más que buenas intenciones. Tendrá que evaluar sistemáticamente y con rigor sus propias intervenciones dirigidas a quienes más lo necesitan.
Y evaluar con rigor significa resistir la tentación de medir el éxito por el número de consultas generadas. El objetivo no es reclamar más acceso (en general) ni generar más atención de bajo valor, sino comprobar que ese acceso llega, específicamente, a quien más lo necesita.


